Today is Friday, November 28, 2014
 
Spirituality
Don't you know that good works are the fruit of many tears and of a lot of suffering?Fr. Pio
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Preach the Gospel at all times and when necessary use words. St. Francis of Assisi
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Focus on and remove the defect that most prevents you from joining God. Fr Pio.
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Another fall, and what a fall! Must you give up hope? No. Humble yourself and, through Mary, your Mother, have recourse to the merciful Love of Jesus. A miserere, and lift up your heart! And now begin again. The Way, 711
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Praying is the pouring of our heart into the heart of God- Fr. Pio
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Have no fear of moving into the unknown. Simply step out fearlessly knowing that I am with you, therefore no harm can befall you; all is very, very well. Do this in complete faith and confidence. Pope John Paul II
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Thou hast created us for Thyself, and our heart is not quiet until it rests in Thee. Saint Agustine
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POWERFUL QUEEN,
PRONOUNCE YOUR FIAT



And create in me the Will of God,
Have the Divine Will take possesion of me,
Enrapture my heart to enclose it in the Will of God.
Rule over my will in order to convert in Into Divine Will
My Mother by your son´s resurrection, make me rise into the Will of God
Fiat, Fiat Fiat
(Fiat is:Be it done onto me / yes !)

"I recognize myself: As a new creation of God´s Love"
"I know that you love me, my God and I love you with all my heart"
"I want to love as you love and do as you want me to do"
Come Divine Will Come to rule on us
FIAT



Fortalézcanse en el Señor con la fuerza de su poder.

Efesios. 6,10.

"God always takes care of His creatures, but He does it through our hands. If any person dies of hunger or pain, it is not because God didn't take care of him or her. It is because we didn’t do enough to help, we didn’t show ourselves as instruments of His love, we didn’t recognize His face under the appearance of that abandoned or ill adult or child

—Mother Teresa of Calcutta

Los mártires de la Iglesia

Sanguis martyrum, semen Christianorum.



"La Iglesia del primer milenio - escribió el papa Juan Pablo II en la 'Tertio Millennio Adveniente' ('Mientras se acerca el tercer milenio') nació de la sangre de los mártires: 'Sanguis martyrum, semen christianorum'… Al término del segundo milenio la Iglesia se ha vuelto nuevamente Iglesia de mártires."

Para vivir en nuestros días hace falta mucho coraje Cristiano. Hay tantos motivos de preocupación y tantas angustias, es un tiempo lleno de maldad y pecado pero a su vez un tiempo cargado de esperanzas para un mañana más sereno y más humano.
    Muchos arriesgan incluso la vida para defender sus ideas y su libertad, y no faltan ejemplos luminosos de heroísmo.
  El cristiano está obligado a vivir fielmente las enseñanzas de Cristo y  arriesgarlo todo para permanecer fiel.

             
Desde el punto de vista psicológico, el martirio es la prueba más elocuente de la verdad de la fe, que sabe dar un rostro humano también a la más violenta de las muertes y manifiesta su belleza aun en las más atroces persecuciones.

¿No es acaso verdad que en el mundo hay todavía opresión y persecución que obligan a quien quiere permanecer fiel a Cristo a vivir oculto, como en tiempos de persecución? Y a menudo, se paga muy caro semejante fidelidad.

También donde no se llega a esos extremos, hay siempre una persecución escondida: envidia, difamación, calumnias por parte de mucha gente pues no ven ni aceptan que Cristo es quien te ama, te perdona y guía de verdad, que El es quien suple todas tus necesidades espirituales y materiales como lo ha hecho siempre con sus verdaderos discípulos de cada época.

Por todo esto te obstaculizan de mil maneras, sólo porque llevas una vida de compromiso, viva y real en Cristo. Esta persecución, sin embargo, no es una novedad. Desde que Cristo fue colgado en la cruz, empezó una historia que dura ya dos mil años: la de los mártires cristianos que no conocerá nunca la palabra "fin". Lo dijo él mismo: "Me han perseguido a mí, los perseguirán también a ustedes". Es una nota característica y perenne de la Iglesia de Cristo: es Iglesia de Mártires.
    Pero hay páginas en esta historia que merecen gran atención, y son las que se refieren a los mártires de los primeros siglos de la Iglesia cristiana, cuando la sangre fue derramada en mayor abundancia.
    Es muy útil, o más bien necesario, volver a esta historia (adviértase: es historia verdadera, no leyenda; historia documentable, no fábulas o mitos), porque es una historia que se vuelve escuela: en ella aprenderemos a ser nosotros también, intrépidos en profesar la fe y valientes en superar las pruebas de nuestro martirio, sea cual sea.

"Fieles a todos estos ejemplos, sentencias y enseñanzas que Dios nos dirige en las divinas y sagradas Escrituras, los bienaventurados mártires que vivieron con nosotros, sin sombra de incertidumbre fijaron la mirada del alma en el Dios del universo con pureza de corazón y, aceptando en el espíritu la muerte por la fe, respondieron firmemente a la llamada divina, encontrando a nuestro Señor Jesucristo, que se hizo hombre por amor nuestro, a fin de cortar el pecado en las raíces y proveernos el viático para el viaje hacia la vida eterna. El Hijo de Dios, en efecto, si bien poseía naturaleza divina, no pensó en valerse de su igualdad con Dios, sino que prefirió aniquilarse a sí mismo, tomando la naturaleza de esclavo, hecho semejante a los hombres, y como hombre se humilló hasta la muerte y muerte de cruz (Flp 2, 6-8).
Por lo tanto, los mártires portadores de Cristo, aspirando a los más grandes carismas, afrontaron todo sufrimiento y todo género de torturas concebidas contra ellos, y no una sola vez, sino también una segunda vez; y ante las amenazas que los soldados a porfía arrojaban contra ellos con las palabras y con los hechos, no revocaron su convicción, porque 'el amor perfecto elimina el temor' (1 Jn 4, 18). ¿Qué discurso alcanzaría a narrar su virtud y su coraje ante cada prueba?
Entre los paganos, cualquiera que lo quisiese podía insultar a los mártires y entonces algunos los golpeaban con bastones de madera, otros con varas, otros con látigos, otros con correas de cuero, otros más con sogas. El espectáculo de los tormentos era sumamente variado y en extremo cruel.
Algunos con las manos atadas, eran colgados de una viga, mientras aparatos mecánicos tironeaban en todos los sentidos sus miembros; entonces los verdugos, tras orden del juez aplicaban sobre el cuerpo los instrumentos de tortura; y no solo sobre el costado, como se acostumbraba con los asesinos, sino también sobre el vientre, sobre las piernas, sobre las mejillas. Otros, colgados fuera del pórtico desde una sola mano, por la tensión de las articulaciones y de los miembros sufrían el más atroz de los dolores.

En esta situación, algunos morían entre los tormentos, cubriendo de vergüenza al adversario con su constancia; otros, medio muertos, eran encerrados en la cárcel donde expiraban pocos días después sucumbiendo a los dolores; los restantes, finalmente, recuperada la salud gracias a los cuidados médicos, con el tiempo y el contacto con los compañeros de prisión cobraban un coraje renovado.

No hay palabras que alcancen a decir las torturas y los dolores que sufrieron los mártires de la Tebaida (Egipto), lacerados en todo el cuerpo con cascos en vez de garfios, hasta que expiraban, y las mujeres que, atadas en alto por un pie y tironeadas hacia abajo por la cabeza mediante poleas, con el cuerpo enteramente desnudo, ofrecían a las miradas de todos el más humillante, cruel, deshumano de los espectáculos.
Otros morían encadenados a los troncos de los árboles. Per medio de aparatos, en efecto, los verdugos doblaban, reuniéndolas, las más duras ramas y ataban a cada una de ellas las piernas de los mártires: dejaban luego que las ramas volvieran a su posición natural, produciendo por lo tanto un total descuartizamiento de los hombres contra quienes concebían tales suplicios.
Todas estas cosas no ocurrieron durante unos pocos días o por breve tiempo, sino que duraron por un largo período de años; cada día eran muertas alguna vez más de diez personas, otra vez más de veinte, otras veces no menos de treinta, o hasta alrededor de sesenta. En un solo día fueron hechos morir cien hombres, seguramente con sus hijitos y esposas, ajusticiados a través de una secuencia de refinadas torturas.
Nosotros mismos, presentes en el lugar de la ejecución, constatamos que en un solo día eran muertos en masa grupos de sujetos, en parte decapitados, en parte quemados vivos, tan numerosos que hacían perder vigor a la hoja del hierro que los mataba e incluso la rompían, mientras los verdugos mismos, cansados, se veían obligados a turnarse.
Contemplamos entonces el brío maravilloso, la fuerza verdaderamente divina y el celo de los creyentes en Cristo, Hijo de Dios. Apenas, en efecto, era pronunciada la sentencia contra los primeros condenados, otros desde varios lugares acudían corriendo al tribunal del juez declarándose cristianos, prontos a someterse sin sombra de vacilación a las penas terribles y a los múltiples géneros de tortura que se preparaban contra ellos.
Valientes e intrépidos en defender la religión del Dios del universo, recibían la sentencia de muerte con actitud de alegría y risa de júbilo, hasta el punto que entonaban himnos y cantos y dirigían expresiones de agradecimiento al Dios del universo, hasta el momento en que exhalaban el último aliento.


"Tengo listas las fieras…" : Martirio de san Policarpo


El martirio de san Policarpo es una de las más antiguas "pasiones epistolares".
Discípulo del apóstol Juan, Policarpo llegó a ser obispo de Esmirna, una de las más importantes comunidades cristianas. 

"En Esmirna (Asia Menor), en el 155, esta intolerancia se manifestó con el martirio del obispo Policarpo, provocado por la multitud enfurecida. El magistrado Herodes procedió al arresto del obispo, que entre tanto se había alejado de la ciudad. Lo hizo conducir después al estadio donde trató de convencerlo para que renegara de la fe:
- Piensa en tu edad y jura por el genio de César, convéncete de una vez que has de gritar muerte a los ateos.
- ¡Sí, que mueran los ateos!
- Jura y te pongo en libertad; maldice a Cristo.
- Hace ya 86 años que lo sirvo, y nunca me hizo agravio alguno. ¿Cómo puedo blasfemar contra mi Rey y Salvador?
- Tengo listas las fieras. Si no cambias de idea, te arrojaré a ellas.
- ¡Llámalas! Nosotros los cristianos no admitimos cambiar pasando del bien al mal; creemos, en cambio, que hemos de convertirnos del pecado a la justicia.
- Si no te importan las fieras y sigues teniendo la misma idea, te haré consumir por el fuego.
- Tú me amenazas con un fuego que quema por un poco de tiempo y luego se apaga; se ve que no conoces el del juicio futuro, de la pena eterna reservada a los impíos. ¿Por qué te detienes? Haz lo que quieras.
Decía esto con coraje y serenidad, irradiando tal gracia de su rostro, que parecía no fuera él quien era procesado, sino el procónsul. Cuando fue preparado para la hoguera, se lo ató con las manos detrás de la espalda como un carnero elegido de una gran grey para el sacrificio, holocausto acepto a Dios. Con los ojos levantados hacia el cielo oró:
-Te bendigo, Señor Dios omnipotente, porque me has hecho digno de este día y de esta hora, de ser contado entre los mártires, de compartir el cáliz de tu Cristo, para resucitar a la vida eterna del alma y del cuerpo en la incorruptibilidad del Espíritu Santo.
Una vez que terminó la oración, fue encendida la hoguera; pero la llama, doblándose en forma de bóveda como una vela hinchada por el viento, circundó el cuerpo del mártir como un muro. Estaba en el medio no como cuerpo que arde, sino como pan que se dora al ser cocinado o como oro y plata que son refinados en el crisol; se sintió un perfume como de incienso u otro precioso aroma. Al final un verdugo lo ultimó con la espada" (del Martyrium Polycarpi -la más antigua de las Acta Martyrum-, 9, 3-21).



Dos Sacerdotes y varias personas incluyendo niños, fueron asesinados en una Iglesia en Baghdad durante la celebración Eucarística en Oct. del 2010.

El mártir, sobre todo en nuestros días, es signo de ese amor más grande que comprendia todo otro valor. Su existencia refleja la palabra suprema pronunciada por Cristo en la cruz: 'Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen' (Lc 23, 34). El creyente que haya tomado en seria consideración la propia vocación cristiana, para la cual el martirio es una posibilidad anunciada ya en la Revelación, no puede excluir esta perspectiva del propio horizonte de vida. Los dos mil años desde el nacimiento de Cristo están marcados por el persistente testimonio de los mártires.
    Y este siglo, próximo a su ocaso, ha conocido a numerosísimos mártires sobre todo a causa del nazismo, del comunismo y de las luchas raciales o tribales. Personas de toda categoría social han sufrido por su fe, pagando con la sangre su adhesión a Cristo y a la Iglesia o afrontando con coraje interminables años de cárcel y de privaciones de todo género por no ceder a una ideología que se había transformado en despiadada dictadura.


Sí, es este el ejército de aquellos que 'han lavado sus vestiduras y las han blanqueado en la sangre del Cordero' (Ap 7, 14).

Por esto la Iglesia en todas partes deberá quedar anclada en su testimonio y defender celosamente su memoria. Pueda el Pueblo de Dios, corroborado en la fe por los ejemplos de estos auténticos campeones de cada edad, lengua y nacionalidad, traspasar con confianza el umbral del tercer milenio Que la admiración por su martirio se conjugue, en el corazón de los fieles, con el deseo de poder, con la gracia de Dios, seguir su ejemplo en caso de que las circunstancias lo exigieran"

(Incarnationis mysterium,n.13) Juan Pablo II.



Sean valientes en superar las pruebas de su martirio, sea cual sea.

Se dice que ninguna causa avanza sin sus mártires, es decir, sin aquellos que creen en ella hasta dar la vida por ella. La fe implica siempre cierta violencia. Jesús enseña que a la vida plena se llega a través de la muerte. El llegó a la gloria a través de la pasión. Quien quiere la corona, dice san Pablo, debe sostener la lucha y quien quiere la meta debe aguantar la carrera; y entrenarse con sacrificio.
  

Juan Pablo II apoyaba su discurso sobre una constatación: nuestro tiempo escucha más a los testigos que a los 'maestros'. En los jóvenes hay una fibra que acoge la invitación a la radicalidad. ¡Hagámosla vibrar! "

 


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